Soy Paty Blake: habitante de letras y árboles; del tiempo y los no-lugares. Escritora, terapeuta gestalt y promotora de lectura. Bloguera (aferrada) desde 2002. Este árbol es de letras escritas en Tijuana, México.
29.10.22
26.10.22
El día de las palabras
Tengo unos 40 años conociendo estas letras. Son las mismas del olor a crayola, las del papel calcante y el lápiz sobre el libro mágico. Redondas y ordenadas, como me gustan. Sobre la hoja parece que el mundo puede tener un orden. Una lista es definida, tiene principio y los finales se marcan con punto. Incluso puedes ahí dibujar el mapa del pensamiento y caber todo en la tierra blanca con linderos cortados con guillotinas. Se puede también abrir y cerrar el cuaderno, descansar de él algunas veces, saber que va en la mochila o la bolsa y sentir que ahí está dicho todo. O casi todo. Porque también llegan momentos cuando las palabras no alcanzan para describir. Y es entonces cuando le toca al corazón ajustarse, sentirse, respirarse. Mientras, la mano en pausa y la tinta dentro de la pluma. Ya llegará el momento, pienso. Llegará el día de las palabras. Y sí, siempre llega el día de las palabras. Afortunadamente.
14.9.22
Otro verano
La vida dio una vuelta y ya estoy en este verano de otro septiembre. El calor me ataranta la mente y me obliga a reducir las acciones al mínimo. Estoy en modo ahorro de energía mientras me suda la cara. También en modo ahorro de palabras, mientras el abanico hace lo suyo a la velocidad máxima.
Justo ahora mismo escribo estas palabras porque estoy hablando en un relativo pasado. O sea, hoy amaneció el día más fresco y al hablar sobre el calor me estoy refiriendo a ayer y las anteriores dos semanas. Estas son las palabras que no pude decir cuando el botoncito de ahorro estaba activado en mí.
Estoy de regreso en mi blogcito y hablo del clima. Esto suena muy superficial, como cuando te topas a alguien que hace mucho no ves y no tienes muchos temas de conversación y hay un intercambio de frases tipo "¡qué calor ha hecho!". Bueno, con mi blog no sucede esto. Aquí sí siento toda la confianza y siento que nos conocemos mucho después de 20 años (what!) de yo escribirle. Es solo que el verano se ha apersonado tardíamente en Tijuana y es de esas presencias agobiantes y testarudas.
Gracias, escritura porque eres refrescante. Porque al estar aquí vuelvo a escuchar esa voz de quien yo era hace 20 años cuando era bloguera diaria y cuando iba al Turis cualquier día entre semana. Sigo siendo esa en el fondo de mí. Ahora en un cuerpo diferente y también con varias historias agregadas.
Verano, hazte para allá y deja en paz mi cumpleaños, plis.
26.4.22
Vengo
Vengo a lavarme la cara con agua fresca. El descanso necesario son estas letras que se tejen a partir de la madeja que voy desenredando. Tejo una línea, una superficie. Tejo una hamaca y me meso antes de dormir. Así son estas palabras frescas como las tardes de hamaca bajo los árboles.
Le pido al agua que aclare las superficies y las ideas. Le pido a esta ventana que deje entrar algo del aire fresco que trata de asomarse. Respiro. Mis manos convocan al agua y al aire. Los demás elementos soy hoy.
Si esta noche fuera el castillo de mis sueños, aparecería ahora un camino enmarcado con hojas, un destino permanente, en la sombra, acolchado y con sábanas limpias. Mis ojos tienen fecha de caducidad pero no la conozco. Mi cuerpo también.
24.4.22
Fuego
Se hizo el silencio en esta casa. Son las 11 de la noche y en este cuarto oscuro me acerco al fuego de la pantalla de mi computadora para contar(me) historias. Llega este momento en el que puedo verme más claramente, en el que no soy la mamá ni la docente ni la terapeuta ni la poeta. Me gusta este momento de ser solo una persona frente al teclado contestándose preguntas no formuladas.
A esta hora y con este silencio empiezo a notar el sonido del abanico que desde hace horas está prendido. No se escuchaba antes, como tampoco mis pensamientos ni el sonido de este tecleo. Creo que si lo apago y pongo atención, a esta hora podría también escuchar el mar desde mi ventana.
Hice una pausa para apagar el abanico y sí: se escucha el mar. ¿De cuántas cosas nos perdemos cotidianamente por embarcarnos en el ruido?
Miro fijamente a las llamas, las veo arder y me veo en el espejo de las letras. Recuerdo aquel año nuevo en el que inicié ciclo prometiéndome arder y arder y no dejarme apagar el alma. Así cada noche se renueva mi promesa, aquí o en el cuaderno. Siempre frente a las palabras.
31.3.22
Asombro
26.8.21
verano
Transito el verano con ventilador y pluma. De noche me quedo en la orilla del camino. Soy un animal de piel terca y mi palpitación involuntaria no se deja tocar tan fácilmente.
Aquí estoy de vuelta. Como cada vez.
18.2.21
Pregunta
¿Qué tiene qué suceder para tener gobernantes que realmente vean por el bien común? ¿Estamos condenados a este nivel de "opciones"?
Personas honorables del mundo que tengan una verdadera vocación en el servicio público, por favor acudan a él: los necesitamos urgentemente, en todos los niveles, desde hace mucho.
Personas honorables del mundo que ya forman parte del servicio público: por favor aguanten un poco más, aunque no los reconozcan, su labor hormiga sostiene la esperanza aún en la tormenta.
17.8.20
Lunes
15.8.20
Veinte veinte
Son ya cinco meses. La cuarentena ha traído regalos y se ha llevado otras cosas sin pedirlas. Se llevó a mi tío Rolando y con él mi levedad interna relacionada con la pandemia. A cambio trajo consigo una vista triste del filo de esta realidad que pesa y corta cuellos. De esta realidad que al mismo tiempo es dulce y pone en su lugar las cosas con su extraña y ácida espada.
Entre la tristeza y los ojos claros que trae consigo, siento que una parte de mí florece, a pesar y a favor de todo. Las palabras me atraviesan de forma cotidiana y tocan mis cuadernos y mis libros. Me siento movida y colocada en los lugares exactos, compartiendo y explorando la escritura y la terapia a fondo, como a fondo también comparto los días siendo la señora que dirige una casa por ahora ambulante.
Cada cosa me habla de la necesidad de enfocarme. Ahora más que siempre es necesario para mí. Todo lo que distraiga mis intenciones debe quedar fuera. Así, con el mismo agudo y natural filo. Así lo siento.
Hoy es realidad aquello que escribí alguna vez: "caracol en vez de tuerca". Eso soy y quiero seguir siéndolo más que siempre. Agradezco habitar exactamente donde me ha traído mi intuición y la vida. Y sigo pidiendo luz y sabiduría para ser quien soy.
💬 Vea usted el siguiente capítulo de la cuarentena que se multiplicó por tres (hasta ahora) y al no definir su duración final se aferra a ser llamada simple y genéricamente: pandemia.
✨Descansa en Paz, tío Rolando. Tu familia te recuerda siempre.
24.4.19
Noche otra vez
Soy literal cada vez frente a la pantalla y escribo tristeza con los pulgares.
Literatura no se hace en aparatos sostenidos con dedos en postura de gancho.
Solo verdades pueden escribirse las 1:01 horas, parece.
El silencio que lo aclara. El silencio telón de fondo. El silencio ranura de luz atrapada.
No sé qué título le pondría. Esta noche de finales. De principios paralelos.
Buscarle títulos. Podría llamarse la risa que parece burla.
Podría llamarse escena no sucedida. Podría llamarse en mi silla, sin vino.
Nostalgia. Envidia. Algo cercano a eso.
Podría llamarse sorpresa. El privilegio de encontrar el abismo y asomarse.
Quiero saber que las noches tienen fondo. Tal vez es solo eso.
Y esta que me revolotea el estómago y el alma o algo cercano a ella.
Es como encontrarse la costilla y sentirla porque está rota. Supongo.
29.1.19
Eucalipto y silencio
En este lugar han pasado muchas cosas. Tiempo-letra ha transcurrido en mis cuadernos a través de los años. Dos seres humanos llegaron al mundo muy cerca de dos colibrís que previamente nacieron en una rama del jardín, aquí junto. Hubo gatos. Uno permanece y otro decidió habitarnos sólo unos días. Muchos sueños cumplieron su ciclo aquí mismo. Florecieron y regresaron a la tierra hechos polvo, quiero pensar que ahora son abono en este gran terreno fresco que imagino que soy.
El silencio parece el mismo. Pero no es idéntico. Ahora tiene frecuencias, variaciones dentro de su quietud. A veces el silencio estalla frente a mí y me golpea la cara. A veces me acaricia y acompaña como gato invisible en mi regazo. A veces es diálogo en las voces de otros que acuden a este espacio. A veces es muy parecido a sólo silencio. Pocas veces, debo decir, se parece a sí mismo. O a lo que entiendo por silencio.
Las paredes tienen la misma pintura, creo. No. Otra vez los recuerdos me engañan o me dejo engañar por los recuerdos. La pintura de entonces se encuentra debajo de una capa más reciente. La pintura de entonces se encuentra sobre otras muchas capas de quienes han querido renovarse en este espacio. Conozco a algunos, no a todos. Pero me gusta imaginarnos a todos conversando en algún lugar de este cuarto. Tal vez sentados, compartiendo nuestras esquinas favoritas y los asuntos que han quedado pendientes por reparar o limpiar. Entre todos formando una foto muy precisa de las posibilidades que tiene este lugar en la mente colectiva y haciendo click para el álbum del tiempo.
Recibo una llamada. Parece provenir del fondo de un túnel o de un país en el que se habla otro idioma. Contesto con monosílabos, como cuando estás de turista en una tierra desconocida. No tengo intención de intentar traducirme. Afuera se oye el canto de un pájaro, tal vez desde uno de los árboles que cubren mi vida. Agradezco su presencia. Gracias, pájaro por estar aquí. Imagino que mis pensamientos dialogan con su lenguaje. Imagino que en otra dimensión mis pensamientos son el humano imaginario que ese pájaro escucha desde la otra orilla en la que piensa en el silencio.
1.1.19
2019
20.11.18
Compositora de country
Hoy siento un nudo en el estómago que me jala la garganta. Ayer me sentí perdida en un pasillo del Home Depot y eso me puso triste. Luego pensé en los migrantes que dejaron sus casas, que huyeron consigo mismos en sus espaldas. Me sentí culpable por ahogarme en mi pequeña tragedia cotidiana en la que hay un techo y las personas que amo y que me aman están cerca. Las certidumbres están sobrevaloradas. No me gusta el country, pero me asomo a este laberinto de la vida y solo puedo pensar en aquella cerrajería ambulante y su vendedor-cantante.
Ahora mismo un bebé llora. Con todo el esfuerzo que le permite la garganta que le ha prestado esta existencia. No parece tener hambre. No parece tener dolor. Creo que grita porque puede, porque está aquí, porque hay que estrenar la garganta y probar sus alcances.
Soy nudo, soy nube, soy letra y tiempo. En algún mundo paralelo hoy abrí mi cerrajería y canté horas extras, aún sin clientes.
29.10.18
9.7.18
Surco
28.2.18
2018
floto como mis palabras, como si tuviera un cuerpo sobre la alberca.
no sé por dónde empezar ni para qué tendría qué empezar.
mis ojos se cierran casi automáticamente.
desde aquí mi ser es luz. y ganas de dormir hasta la próxima semana.
y ganas de varias cosas (inserte una lista de una cosa aquí)
buenas noches, mundo.
12.12.17
e s c u c h a r . e s . t o c a r
escribir con ojos abiertos
a veces se invierten. desde hace tiempo no sucede. hoy logré cerrar los ojos. permanecer así. e s c u c h a r es un privilegio. un regalo raro para el cuerpo. raro para mí.
con los ojos cerrados no tengo edad. a veces tampoco cuerpo. a veces tampoco historia. e s c u c h a r es un regalo para la persona en mí que tiene paciencia. para la que respira.
la que permanece.
ella me interesa cada día más.
en estos días me jala también un hilo desde el pecho. no he visto el color, pero he sentido la trayectoria hacia donde me lleva, y es una de vértigo y piano. el miedo es una palabra corta a la que le faltan vocales. desde aquí parece una vida de texturas. sobrevuelo una ciudad y no sé dónde aterrizaré.
¿hace alguna diferencia?
6.12.17
Medianoche
Pienso en mi ejercicio de fin de año, que inicié anoche. Pienso en este ciclo y en la locura de mis días. Pienso en el sentimiento que resume este lapso y me es difícil definirlo.
Ayer en la mañana caí en cuenta: mi aprendizaje de cierre de los recientes 9 años podría titularse "Everything appears/ and disappears", justo igual que las fotografías que cuelgan sobre la pared que da a mi espalda en la oficina. Esos cuadros que elegí y busqué tan insistentemente tener, que nombré míos desde el principio. Un "everything" que todo lo abarca, mucho más de lo que quisiera mi corazón de niña de 3 años empacando juguetes para mudarse.
Agradezco la escritura que me salva, de la que me aferro y en la que reconozco esa parte primigenia de mí misma que está formada por palabras. La escritura que ha sido mi soporte tantas veces, una vez más me confirma que soy parte de ella más que ella de mí. Everything appears. Escritura que es como florecerme el alma cada vez, cada día. Para traducirme y estar aquí hoy, por ejemplo. Mi motivo que ilumina mis horas nocturnas.
Me cuenta hoy mi mamá que mi nana de repente olvida. Ella, a quien le alcanzó el amor y la atención para criar a 12 hijos y algunos sobrinos; ahora pierde archivos de memoria a corto plazo. And disappears. Ella también vive en mí y yo en ella. También desaparezco parcialmente con sus recuerdos.
Así aparezco y desaparezco. Parpadeo. Alguien parpadea tal vez y desaparezco intermitentemente. Y aparezco intermitentemente.
Mientras tanto, en otro de los archivos importantes se construye una historia. No muy planificada, pero sí muy viva, subterránea. Sigo escuchando sus tambores. Sigo su ritmo. Busco no ser pregunta. Ni respuesta. Busco no intentar hacer caminos aunque no vea una ruta. Mi inercia de planificadora de repente jala mis pasos, por costumbre. Luego, recuerdo que este día. Que aquí estoy. Que sólo tengo este. Sólo este. Y que prácticamente ya se cierra el ciclo en unos minutos. La labor de hoy está hecha, y es lo importante. Qué dificil me es quedarme con ello. Qué difícil me es no desear, señorita manipulación del universo. Y recuerdo que sí. Que yo dije y elegí: aquí estoy, universo. Que confirmo en estos nuevos días: Aquí estoy, Universo. Y sobre todo, gracias por todo, por siempre darme más que lo que puedo alcanzar a soñar.
La sabiduría me ilumine y el placer me invada, podría titularse este post. Fragmento del fragmento. Buscándole (y encontrándole) ruido al chicharrón. <3 p="">Debrayes.com podría también titularse. Pero es blogspot. Jeje.3>
22.11.17
Vacío fértil
Regresé pensando en el vacío fértil, ese del que hablo, el que toco en terapia acompañando a otros.
Desde fuera lo conozco más que desde dentro. Diría que es de color azul y al principio es poco amable. Diría que es hondo y te refresca de golpe. Que cuando he ido con otros hasta su orilla, ha llegado a salpicarme y he sentido su temperatura.
Cuando pienso en mi historia compartida con el vacío regreso a la mojonera de hace 9 años. Recuerdo el vacío palpitante en el cuerpo. Esa sensación de frío, de tener demasiado espacio dentro, de sentir cómo las propias palabras rebotan y se expanden en un espacio que parece no tener fin.
Mi encuentro entonces fue tajante: afilado y silencioso. Las palabras fueron guillotinas y mi piel el lugar en el que se deslizaron las orillas de la hoja en blanco. Así, sin trazo, se dijo lo que era necesario solamente. Mi espera entonces se alargó lo necesario para saber que yo era la última invitada en esa fiesta y que había ya que recoger las botellas y prender las luces.
Asumir el vacío es habitarlo. Eso aprendí entonces. Eso aprendí cuando pensé en la posibilidad latente de que ese lugar sería mi habitat natural por un tiempo. Fue ahí cuando nacieron nuevos caminos. Tuve que soltar toda opción para ver surgir el milagro.
Hoy, tras la meditación, me reconozco en el portal hacia ese mismo lugar. He escuchado anteriormente cómo rechina esta puerta, cómo se abre o se cierra. Mi voluntad tiene prisa. Quiere hacer fast forward a mi historia, poner en cuadro por cuadro los momentos bellos y alargarlos. Hoy la vida me llama a que sea diferente.
Le tengo miedo a las alturas. Le tengo miedo a aceptarme al centro de ese vacío. Soltarme de la orilla y confiar en el mar y en la corriente. Me gusta la compañía, pero este bosque y esta lámpara no aceptan invitados. No por ahora.
Hoy me doy cuenta que el abismo me llama a recorrerlo, así sin barandal, sin vela, sin otro brazo al alcance. Doy cada paso deseando que esta vez también exista suelo adelante. Aquí la brújula no funciona; los mapas no se alcanzan a ver con esta luz; los celulares no tienen señal. Detrás de la barandilla siento la presencia de muchos seres que me aman, algunos de ellos recién descubiertos. Los siento cerca en esta oscuridad. Escucho sus voces, guiándome con su calidez, con sus miradas confiadas. Veo en ellas que saben que llegaré del otro lado sonriente; que sabré en un momento que todo ha pasado.
Pero estoy ahora de este lado. Con mi lámpara-corazón deseando que este camino a oscuras sea solo un sueño. Y el abismo me responde: esta vez húndete en mí. Esta vez déjate caer así, sin certezas, sin voltear atrás. No me convertiré en sal, dice. No te convertirás en sal, pero sí podrías perderte de la sorpresa, me murmura una voz. Quiero apurar el paso hasta sus manos. Quiero apurar el tiempo y saber que todo estará bien, y respirar a salvo. Pero la vida. Pero la vida y sus planes y su paso y su tiempo. Quiero calcular el rumbo y se oscurece más. Quiero vislumbrar una sombra y el contraste se hace imperceptible.
Luego recuerdo que en esta nueva vida sobran los adjetivos. Que mi cuerpo está cansado de planear los pasos. Me llama el vacío. Y para habitar el vacío hay que recorrerlo paso a paso. Del otro lado te veo. Del otro lado veo que me esperas desde el futuro. Reconozco el espejismo y también el laberinto desdoblándose y pidiéndome paciencia. Respiro. Pido confianza. Pido que se vaya todo lo innecesario. Deseo no desear. Deseo no doler. Cierro los ojos y me veo temblar. Tengo todo el tiempo del mundo. Todo. Y en las manos una lámpara palpitante que respira. Aquí estoy asintiendo. Aquí estoy palabra pronunciada. Extensa deletreada en toda la extensión de mi silencio.
21.11.17
Desde el cielo
Pienso en mi libreta y en todos los planes que guarda. Bastaría que algo fallara en este equilibrio perfecto para que todo terminara. Agradezco que este azar que no busco comprender decida mantenerme viva, o eso que llamo estar viva.
Vista desde arriba, esta ciudad son también posibilidades; caminos posibles que se expanden hasta donde me alcanza la vista. Cuántas veces he visto este ángulo del mundo! Cuántas miradas diferentes me ha permitido la vida tener desde este mismo cuerpo!
He tomado una maleta en mi mano para subir a un avión de todas las formas posibles: enamorada, apurada, triste, emocionada, tranquila, asustada, agradecida, plena, curiosa, acelerada, harta, alegre... Ha sucedido todo. Antes y después de esta escena ha habido bosques y desiertos, literalmente. Ha habido carreteras hacia la compañía y hacia la soledad; hacia muchos grises contínuos e intermitentes. Mi curiosidad es un ser que alimento como si fuera el guardián de mi puerta, con la única llave. Aún así, también reconozco en mí esa mirada única que en esta época quiere comer todos los días caldo de pollo sin hartarse.
Y llega la noche desde la ventanilla de un avión que me muestra la ciudad, las ciudades, desde su inmenso brillo. Las ciudades-espejo que me cuentan sus historias, que me comparten sus íntimos detalles como si se tratara de una conversación de esas que suceden en los sueños. Respiro. Acá sigo, partícula de algo que viaja en un aparato que vuela.
19.11.17
¿a dónde van las palabras?
el otro día dije por escrito que la poesía es mi idioma clave. recordé que es mi idioma clave; creado con fines de utilidad, continuado con todavía no sé que fines. tengo sueño. supongo que aquí es donde pongo final a esto y le pongo "publish".
14.11.17
5.11.17
Come rain or come shine
Tiene mucho sentido topármela ahora, libre de todo significado de los años más recientes.
Escucharla y sólo dedicármela, tan cursimente pero verdaderamente. A la que fui, a la que estoy siendo. Después de todo aquí estoy y estaré conmigo, come rain or come shine.
4.11.17
Así
Vivir es una especie de locura que la muerte comete
Vivir es una especie de locura que la muerte comete, dice Clarice. Yo, quien a mis 39 aprendo a cuidar por primera vez una gardenia, sólo puedo asentir; entre mis dedos está el libro que embona perfectamente con mi respiración esta noche. Hay páginas que son espejos, palabras reunidas que reflejan de forma más precisa que cualquier fotografía una expresión facial. Léase: mental, emocional, espiritual, corporal. Las letras como espejos es una de las tantas locuras que la muerte comete en esta vida.
Si no tuviera entre mis ideas más visitadas una noción lineal de tiempo, aseguraría que recientemente volví a llegar a este mundo. La vida ya me dio todo lo posible a manos llenas en un sentido. Escucho la maquinaria de la vida girarme unos grados, ponerme como vaso volteado ante la novedad de lo desconocido. Me veo una vez más aprendiendo a dar pasos en días que requieren de mí una atención desde mi centro. La vida responde de inmediato y no acepta menos, ni un poco menos. La vida responde de inmediato y sigue dando a manos llenas en este nuevo ¿capítulo?. En éste no valen las explicaciones ni las ganas de ponerle orden a las ideas; soy un algo sucesivo dentro del instante es lo más cercano que tengo en palabras para englobar la aferrada e innecesaria idea de describir(me).
Los sentidos me volvieron al cuerpo. Nuevas sensaciones corporales me hacen sentir la novedad de mi movimiento, mientras hago como si fuera un día más, mientras saludo con un hola o digo o escribo buenas noches. Entiendo que esas frases que repetimos los humanos hasta el cansancio, sin sentir cansancio, son anclas de lenguaje que nos aterrizan a la vida, que nos llevan a sentir que una cosa sigue de la otra. Y está el sol y la luna con sus ciclos, dándonos algo qué contabilizar para que exista la noción de que "avanza el tiempo". Para reforzar, están los dobleces microscópicos que se van haciendo en el cuerpo, señales de la repetición de movimientos. Y las voces de otros que con sus historias nos jalan los sueños hacia el mismo plano. Supongo que todo eso tiene algún sentido de alguna forma.
Vivir es una especie de locura, sí. Cambiar de planes radicalmente también lo es. Si los deseos reflejan mi ser en este mundo, su transformación cambia mi eje de rotación, el ritmo de mi respiración, las acciones, palabras y pensamientos que me hace ser una campana vibrando y emitiendo sonido.
Y esta parte de la locura llega con nuevas obsesiones. Con tantas ganas de estrenarme en las primeras veces posibles que tenga a la mano. Así decidí aprender a cuidar una gardenia. Quiero tocarlo todo, probarlo todo, sentirlo todo, olerlo todo por primera vez. Quiero escribirlo todo. Esta vez ver(me) detenidamente ante las letras como lo haría mi sentido de la vista frente a un espejo. (Me) veo con los ojos cerrados, confiando. Contra todo autopronóstico, aquí estoy escribiendo y respirando profundo, haciendo acuerdos internos que hagan detener un rato mis pensamientos; dejando de hacer para ser alcanzada por lo que llamo mi propio cuerpo, por lo que llamo mi voluntad, por lo que llamo mi voz.
Que las letras sean parte de todas mis vidas pasadas y futuras. Eso y mi cuerpo vibrando. Que mientras la muerte apueste por la vida, aquí me encuentre loca loca por vivirlo todo.
30.10.17
L u z
R e s p i r o .
29.10.17
Todo inicia y termina con una pregunta
Todo inicia y termina con una pregunta. Wong Kar Wai tiene varias para mí esta noche de letras y silencio. Me doy cuenta que he recuperado el gusto por las noches, tal vez porque es mi tiempo más claro para escribir. Que también mi vena cursi ha resucitado un poco (para bien, para mal o como característica). No sé si esperar a que el resto de mí resucite o mejor lo reinvento antes.
Esto de las nuevas vidas como que antes no se me daba. Ahora la curiosidad me mueve. Me llama dormir al igual que me llama la vida. Oscilo entre el sueño y una energía muy viva que me cansa el cuerpo y las emociones. Las palabras me resuenan como si tuvieran eco al ser nombradas o pensadas. Siento al instante los desequilibrios y me he dado cuenta que descompongo aparatos eléctricos cuando tomo malas decisiones (llamémoslas decisiones tipo Juego de la Oca, para no calificarlas). Me gusta más caminar y he recordado que me encanta encontrar personas con quienes conversar. Me encanta preguntar y contestar (tanto, que hace años pensé que esa sería mi profesión; tanto, que hace 10 años elegí otra profesión relacionada con preguntar.) Amo conversar y encontrar con quien hacerlo. Soy conversadora profesional, no lo tenía en cuenta, o la prisa fue ocupando el lugar de las palabras. Eso.
Cuando me estanco, los brazos se me entumen. Mi cuerpo me habla y en estos días estoy recordando responderle como lo haría con mi mejor amiga. Procuro acompañarme de música y redescubro canciones y géneros que me conectan. Curiosamente ahora no me interesa mucho el cine y sus historias, pero varias escenas de Wong Kar Wai me rondan obsesivamente. Se mezclan con Simic y sus poemas que llevo en mi mochila y me automedico, que releo bajito cada que me atropello por costumbre. Y las palabras escritas esas están siempre. Están las coincidencias y el flujo que me lleva a salvo, tan agua; que me regresa a mi lugar de origen, tan tierra.
Todo este debraye, para contestar la pregunta que no me he formulado tras recordar Chungking Express. Tal vez la respuesta esté en alguna escena de lluvia de In the mood for love. O en sus personajes que fuman de forma tan bella y en sus silencios.
Todo esto como parte de una pregunta loca que tal vez no sea dicha. Como sea, será perfecto; ya es perfecto. Agradezco especialmente cada coincidencia. En verdad cada presencia es valiosa, cada día. Desde hace tiempo este viaje es sagrado.
No tengo mi pregunta, pero sí la tuya: ¿también te llama el precipicio?
28.10.17
Café a las ocho de la noche
Me encontré hoy en el elevador con una que soy yo. Quise decirle más cosas, pero sólo sentí su alegría inmensa y vi su vestido. Le pregunté si iba a una fiesta. Le pregunté eso por sacarle plática, porque sabía exactamente a dónde iba. Sonrió y me dijo que sí. Te ves muy bonita, le dije. Sólo sonrió. Sé bien cómo se siente esa sonrisa, esa prisa por que se abra la puerta. Respiré profundo. No siempre sucede que las líneas se cruzan. Sólo a veces se abren paréntesis en el tiempo.
Desde ese momento cierro los ojos y vuelvo a ver la lluvia. Y huele a bosque y a tierra mojada. Y el verde no termina alrededor. Pensar que siguen existiendo bosques en el mundo y que no estoy en ellos ahora mismo. Pero de alguna forma ese paréntesis también es puente y pasadizo. Y cierro los ojos y sí. Dice google que parpadeamos de 15 a 20 veces por minuto.













