La madrugada es la hora privilegiada del silencio aquí. Y es la hora de las letras y la pantalla. Y es la hora de decir: hace mucho que no ando por aquí y muchas cosas han pasado. Y también es hora de decir kimis, vida. No lo digo por quejosa (¿o sí?), pero sí necesito un poco de paz. Dicen que esa se la da uno mismo. Pero también aceptemos que lo externo, cuando se equilibra, ayuda mucho.
Hace dos días me cayó un veinte que parece muy equis, pero que es de esas cosas que puedes haberlas escuchado muchas veces antes y de pronto las comprendes. Eso me sucedió: entendí lo importante que es no dejarme arrastrar por los acontecimientos, por nada ni por nadie. Siento que tengo años gastando energía en ello y eso me está empantanando (no sin mi respectivo aferramiento a la libertad interior que a veces funciona por instantes y que a veces solo me hace quedar como persona a la que el toro mecánico avienta en dos segundos de movimiento). Siento que es absurdo mi caso. Siento que ya no quiero. Siento que bla bla. Me siento harta, tanto que ya no me importa ser nada que no sea.
Arriesgada decisión pero muy clara. No sé dónde acabará todo esto. Creo que soy la principal curiosa de una historia medio escrita y medio borrada. Palimpsesto soy.
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