Soy Paty Blake: habitante de letras y árboles; del tiempo y los no-lugares. Escritora, terapeuta gestalt y promotora de lectura. Bloguera (aferrada) desde 2002. Este árbol es de letras escritas en Tijuana, México.
24.10.24
21.7.24
Omar en la playa
Hoy tuve la idea de ir a caminar a la playa desde temprano, pero fue hasta las 6 de la tarde cuando decidí salir como una decisión más mental: me saqué a pasear. Sabía que lo difícil era llegar a la esquina, por que justo al girar es donde se empieza a sentir el aire del mar que me encanta desde niña; así que me llevé de la mano hasta ahí.
Me saqué a pasear significa también que pude haberme quedado en casa o ir a cualquier otra parte. Me saqué a pasear significa que me pude haber puesto a teclear en la computadora, pero me obligué a pausar mi semana en ese tiempo privilegiado de domingo.
Ver el mar es una de las actividades más instantáneamente relajadoras que conozco. En esta playa acudo cada vez a una reunión de mis yo de todas las edades a partir de los 7 años. Camino en la orilla en este mar que tiene diluidas gotas de pensamientos de quienes hemos acudido en todos los tiempos a la ceremonia del atardecer.
Apenas caminé una cuadra en el malecón cuando creí reconocer a un hombre que tomaba fotos a unas personas que iban caminando entre la reparación del malecón. Al acercarme confirmé que era Omar Martínez con su inconfundible semblante y sonrisa, con dos cámaras colgando de sus hombros. Hace tiempo que no lo veía, aunque sabía de él por la delicada operación que hace un año tuvieron que hacerle de emergencia, unos días después de descubrir que tenía un raro tumor cerebral.
Le hice todas las preguntas que se le hacen a una persona de la que se tienen bonitos recuerdos y que además estuvo al borde de la muerte. Cuando lo escuché a hablar, supe uno de los motivos por los cuales tenía que encontrarlo ahí en ese momento.
Habló de cómo le cambió la vida esa experiencia de haber descubierto, casi por casualidad, que sus dolores de cabeza eran causados por ese tumor de 8 centímetros que al parecer tenía más de una década formándose. Aunque le habían dicho primero que el malestar era por los triglicéridos, uno de los médicos tuvo la idea de hacer una tomografía de la cabeza. Así es como entró por una revisión médica de rutina y salió con una emergencia de vida o muerte.
"Para mí fue una bendición todo lo que pasó", aseguró. Durante un rato, describió cómo muchas cosas cambiaron a partir de eso y de todo lo que se dio cuenta. Haber recibido mucho amor fue lo más increíble, dijo. Y sí, personas como él, se dan a querer por mucha gente. Talentoso fotógrafo, buena onda y excelente persona.
Mientras hablaba Omar, lo recordaba en su versión de hace 20 años, cuando era Omarcito, el fotógrafo más joven en la redacción del periódico, donde había quienes decían "el morro" al referirse a él. En mis recuerdos, Omar siempre trabajador, generoso, buen compañero, tranquilo, enfocado, siempre con ganas de aprender, entrón en todo el paquete que significaba en ese tiempo ser reportero gráfico. Omar caminando en la redacción, apurado como todos y cargando su cámara con la que captaba imágenes al por mayor: algunas para primera plana o páginas especiales. Su cámara con la que ha llegado a tener reconocimiento nacional e internacional.
Ahora Omar hablaba de cómo estaba consciente de que era un milagro que todo hubiera salido bien, de cómo estuvo al borde de la muerte y corrió con suerte tanto por haber sobrevivido como por haber sobrevivido completo: otros en situaciones similares han perdido la vista, la movilidad, alguna capacidad neuronal o incluso la vida. Una cadena de coincidencias y bendiciones lo llevó a estar donde ahora está, haciendo lo que más le gusta un domingo en la orilla de la playa.
Dice que aprendió a valorar lo básico, lo necesario. "Cuando uno está en cama, lo único que quieres es ver esto", dijo abriendo levemente las manos, señalando el mar. Imagino la desesperación de no poder mover la cabeza un mes entero, de que sus ojos inquietos de fotógrafo solo pudieran ver el techo de su cuarto. Pero más allá de eso, dijo que siente agradecimiento porque estar al borde de la muerte lo llevó a que en un solo día se pudiera reunir lo necesario para la operación quirúrgica y su proceso de radioterapia. "Recibí mucho amor. Te das cuenta de lo que es verdaderamente importante en la vida. Me di cuenta de que estamos en el mundo para hacer el bien, para dar amor, solo para eso".
Luego, Omar dijo que antes estaba acostumbrado a descuidarse, a estresarse y preocuparse de más, no comer a las horas, no atenderse, no hacer lo que era importante para su salud. Dijo que esta experiencia hizo que sus prioridades cambiaran. Escucharlo me llenó de alegría. Saber que más de 600 personas hicieron posible el milagro, sumadas a la voluntad de Dios. Dijo que, por su parte, antes de entrar al quirófano se entregó con serenidad a la idea de que era posible que ese fuera el fin.
Me encanta saber que en el proceso de salud de Omar, "de 10 cosas que podían salir bien, 10 salieron bien". Verlo tomar fotos y saber que todo apunta a que hay Omar para rato, porque es una personas que mantiene su esencia a través de los años. Si tuviera que resumir este encuentro, diría que sus palabras me dieron alegría y esperanza. Me fui de ahí pensando en que las personas más bonitas que conozco son las que irradian vocación y que viven su historia de forma completa y de frente.
Recordé también que el mar en su costa a veces tiene regalos especiales como este encuentro.
12.6.24
Ritual
11.6.24
Explicar fue el verbo más cercano
A esta niña de 14 años se le sale el corazón. Esta niña no encuentra territorio en esta habitación. Ni palabra te de hierbabuena que mitigue el hueco. Esta niña no sabe acomodar este tramo. (Se) esconde entre palabras y hojas sueltas. Busca. Buscar se convierte en la vía, en la promesa. Explicar con palabras de este mundo, lee en un libro. Explicar con palabras de este mundo se vuelve la meta.
*
Nota mental: hoy es el día en el que sucede la vida. Hoy lancé dije: que tengas salud para disfrutar la vida y no solo para sobrevivir. Lo dije de corazón y eso creo que me sanó algo dentro. Eso también deseo para mí.
Me doy cuenta que esta vez me toca aventarme el bosque a pie. Aquí vamos, con todo y mochila de niña exploradora. Con todo y todo, esta vez sin evadir ni posponer ni maquillar ni buscar salidas. ¿Es posible? No lo sé por experiencia pero sí por claridad y fe. Veo el resultado. No tengo idea de cómo llegar a ello. Veo el resultado. Siento un hoyo en el estómago. ¿Qué podría pasar si ahora estoy conmigo? ¿Qué gran monstruo podría asomarse si aquí estoy con mi camino de post-its entre las ramas? Los tigres no comen papel, ni las serpientes, hasta donde sé.
*
Por otro lado, veo desde fuera y me doy cuenta qué función estaba haciendo. Esa mirada era una barda invisible protectora. O al menos así se sentía. Una barda invisible y cara, porque significaba una vida en stand by y todo lo que eso arrastra. Mi libertad interior era lo que buscaba. Mi libertad interior. Y ahora encuentro en mi cajón una ficha con dos caras y el espacio para una llave. Paso a paso.
10.6.24
Brechas
El camino a ser quien soy a veces se siente largo.
La búsqueda se ha convertido en un descarte: por tramos, lo que no soy es más claro.
He sido la campesina que, machete en mano, abre brecha en la espesura. He sido la respiración entrecortada la decisión completa la mirada fija entre las ramas asoleadas. Soltadora de ramas. Rompedora de ramas. Caminadora sobre ramas.
El arte de descartar a veces es doloroso. Dan ganas de entretenerse en alguno de los pasos más tiempo de lo debido. El reloj interno marca los pasos y es claro en su tic tac.
Paty 2004 sabe de desvíos de camino. Lo digo sin arrepentimiento ni pena. Sí con nostalgia. Sí con curiosidad arqueológica desde el futuro. Lo digo sabiendo que los desvíos no están fuera del guion, que son parte indispensable.
El arte de seguir adelante y dejar abiertas las posibilidades evaluadas previamente. El arte de ser congruente con las nuevas búsquedas, de saber que el "no es aquí" es claro. El arte del abismo, podría llamarse. O del vacío. El arte de permanecer, de amanecer inmutable y con confianza, de seguir escribiendo pase lo que pase.
Mi humanización de la fe y la confianza se llama verbo escribir. Y aquí estoy, abriendo brecha y encontrando nuevas formas de respirar: no entrecortada. La mirada fija la pone la voluntad, no mis ojos. Encontrar formas de ser natural, ser quien soy aquí y allá. Eso es la vida. Encontrar la forma de ser en medio de brechas anecdóticas diversas.
2.4.24
Trabajo en no-equipo
9.3.24
Algo sobre los saltos, la codependencia y sobre ser
Solo se gana lo que se atraviesa, nunca lo que se salta. El ego se transforma en ser solamente si el ego se ha vivido y después se ha transformado. Los saltos actúan como boomerangs: cree uno estar ahí definitivamente, pero más tarde o más temprano se retorna. En cambio, si se atraviesa, no se regresa. Lo mismo sucederá contigo. Cuando conquistes tu independencia, podrás entregarte sin sentir que te pierdes. En cambio, si saltas hacia la entrega sin antes haber ganado tu ser, sentirás que te desperdicias, que te sometes.
-Jacobo Grinberg